Historias

INUYASHA EN SU FORMA HUMANA

INUYASHA EN LUNA NUEVA

Era otra típica noche de luna nueva, Inuyasha estaba molesto, a pesar que desde que era un bebe sufría la transformación de volverse humano no podía dejar de sentir la impotencia de verse debilitado ante sus enemigos. Era esta debilidad la que lo obligaba a buscar refugio cuando la sangre comenzaba a golpear su cuerpo anunciándole que era el momento de buscar refugio en algún lugar donde los monstruos no pudieran encontrarlo y donde no fuera visto por los humanos ya que por su condición de híbrido no era aceptado por ninguna de las dos razas. Pero desde que había conocido a Aome todo eso había cambiado, las largas horas de desesperación y angustia resultaban cortas al estar a su lado.
Ya no importaba la terrible soledad que sentía en esos momentos. Ella estaba a su lado ahora y todo el dolor que había sentido cambio por una calma y tranquilidad que nunca pensó encontrar.
También estaban sus compañeros de viaje, el monje Miroku y la bella Sango, también el molesto Shippo que siempre estaba fastidiándolo. Ahora ya no se sentía solo, tenía amigos que lo querían y hacían todo lo necesario para que esa única noche que la debilidad de su lado humano se hacía presente no estuviera solo ni indefenso.
Cómo tantas otras noches de luna nueva el grupo había acampado en un lugar tranquilo y retirado, donde según los lugareños no era frecuentado por los monstruos ni demonios, no sabían porque pero así era.
En esa calma y tranquilidad se encontraban disfrutando de la cena y riendo entre ellos cuándo Miroku miró a lo lejos y dijo:
-Señorita Aome ¿Puede sentirlo? Es una presencia maligna.
Su rostro serio preocupo a Inuyasha.
-Sí –dijo Aome poniéndose de pie y tomando su arco –es un poder maligno. ¡Puedo sentirlo!
-¿Acaso viene hacia acá? –Preguntó Sango.
-¿Cómo es eso posible? Los aldeanos dijeron que los monstruos no venían aquí –dijo Inuyasha acercándose a la entrada de la cueva.
-Eso es cierto. –Dijo Shippo con voz temblorosa -¿Será que saben que Inuyasha perdió sus poderes y no puede usar a Tessaiga?
-¡No seas idiota! –Dijo Inuyasha dándole un golpe en la cabeza –Ellos no tienen forma de saber mi condición, solo alguien que me haya visto sabe que me convierto en humano, ni siquiera Sesshomaru lo sabe. ¿Cómo es posible que ellos vengan hasta aquí?
-Tal vez presintieron los fragmentos de Shikon o nuestra presencia y al no sentir a Inuyasha decidieron atacarnos para ver si este aparece. –Dijo Miroku.
-¡Justo en esta noche! ¡Malditos! –Dijo Inuyasha mirando a Tessaiga que era simplemente una espada vieja sin poder alguno durante esa noche.
-¡Inuyasha! –Dijo Miroku – ¡Entra a la cueva y escóndete!
-¿Pero que estas diciendo? ¿Cómo me pides eso, Miroku? –Dijo molesto Inuyasha.
-¡Inuyasha! –Dijo Aome con tono enérgico.- ¡Ve a la cueva! No puedes dejar que tus enemigos te vean así, nosotros estaremos bien. ¡Confía en nosotros!
-Siempre nos has protegido a todos –le dijo Sango – dejamos protegerte a ti esta vez, Inuyasha.
-Es cierto –dijo Shippo –Estaremos bien.
Inuyasha quedó pensativo un momento y después les dijo:
-¡Esta bien! Confió en Uds. ¡No hagan que me preocupe! Y no se arriesguen, si tienen que huir, háganlo. Estaré seguro en la cueva hasta que amanezca.
-Inuyasha –dijo Aome con los ojos brillantes por la emoción.
Este la saludo con la cabeza y se adentro en lo profundo de la cueva con el corazón angustiado por tener que dejarlos.
-¡Ya están aquí, excelencia! –Dijo Sango tomando su Hiraikotsu.
-Sí, no se separen. –Dijo Miroku –Tenemos que derrotarlos pronto o alejarlos de aquí para que no descubran a Inuyasha.
-¡Chicos! –Grito Aome espantada –Miren son una cantidad.
Miroku se dio cuenta que estaban en desventaja. Los monstruos eran demasiados para ellos.
-Usaré el Kaazana para absorberlos, así no nos agotaremos.
-¡Pero son demasiados! –Dijo Sango –Podrías hacerte daño.
-No importa, no podemos dejar que descubran a Inuyasha. Señorita Aome, Sango no se separen.
-Bien –respondieron estas.
-¿Y yo qué? –Dijo Shippo -¿Nadie se preocupa por mí?
-Shippo –dijo Miroku –En estos momentos tú eres más fuerte que Inuyasha. ¿Quieres que nos preocupemos por ti o por él? ¿O prefieres ayudar a protegerlo?
-Esta bien –dijo Shippo –Yo lo protegeré con mi fuego mágico.
-¡Que valiente, Shippo! –Dijo Aome.
-¡Así se habla! –Dijo Sango.
-¡Aquí vienen! –Aviso Miroku.
Los monstruos atacaron, eran cientos.
-Debo absorberlos pronto –pensó Miroku –o nos irá mal.
Quitó el rosario y extendió su mano para absorberlos, pero cuándo estaba haciéndolo sintió un dolor inmenso que le recorrió el cuerpo.
-Excelencia, -dijo Sango –no siga. Hay insectos venenosos entre los monstruos.
-¡Maldito Naraku! –Dijo Miroku –Sabía que no podía usarlo si había insectos.
-¡No te preocupes! –Dijo Aome –Sango y yo nos encargaremos hasta que te sientas mejor.
-Gracias –dijo Miroku apretando su mano cómo si eso aliviase el dolor que sentía.
Aome lanzó sus flechas purificadoras, mientras Sango lanzaba su Hiraikotsu, Kirara y Shippo también atacaron ayudando a las chicas en la lucha con los demonios, mientras Miroku sentado en el suelo intentaba reponerse pronto.
Inuyasha en el fondo de la cueva escuchaba el sonido del combate y maldecía el no poder ayudar a sus amigos.
En el fragor del combate Miroku notó que había monstruos que estaban esperando.
-¿Qué estarán esperando? –Pensó – ¿Será acaso que…?
De un salto se puso en pie y se acerco a las chicas gritando:
-Señorita Aome está pasando algo extraño.
-¿Eh? ¿A que te refieres? –Dijo Aome.
-¿Por qué dice eso, excelencia? –Preguntó Sango extrañada.
-Solo observen, hay monstruos esperando. ¿Qué es lo que esperan?
Aome se dio vuelta y observó.
-Esperan a Inuyasha. –Dijo -¿Sabrán lo que ocurre?
-No lo creo –dijo Sango.
-¡Cuidado! –Gritó Shippo – Vuelven a atacar.
Pero esta vez no solo atacaron los de antes, los que estaban esperando también atacaron pero no se molestaron en perder tiempo con el grupo, se adentraron en la cueva.
-Van hacia la cueva –gritó Miroku.
-Debemos hacer algo o descubrirán a Inuyasha –dijo Sango.
-No podemos permitirlo –dijo Aome disparando una flecha que alcanzó a algunos de ellos.
-Utilizaré el Kaazana –dijo Miroku.
-¡Excelencia! –Dijo Sango.
-¡No! –Dijo Aome –Hay insectos venenosos, no puedes hacerlo, te necesitamos con toda tu energía, Miroku.
-Esta bien -dijo resignado –Inuyasha no es el único debilitado esta noche.
Inuyasha preocupado, camino unos pasos en dirección a la entrada de la cueva.
-¿Cómo estarán todos? –Se preguntó.
Vio unas sombras que se adentraban en la cueva.
-¡Chicos! –Dijo alegre pensando que eran sus amigos, pero sorprendido vio que eran monstruos que estaban en el interior de la cueva.
-¡No puede ser! ¿Qué habrá pasado? –Se preguntó preocupado.
Intento esconderse sin que lo vieran pero hizo ruido y uno de los demonios vio su traje rojo sin percatarse del color oscuro de su cabello. Lo persiguieron cueva adentro, Inuyasha saltó, corrió e intentó perder a los monstruos pero lo único que lograba era herirse cada vez más con las rocas afiladas y los cristales de la cueva.
-¡Maldito cuerpo humano! –Dijo -¿Cómo estarán todos?
Siguió corriendo dando tumbos y golpeándose en la oscuridad de la cueva. Los demonios seguían tras él. Afuera sus amigos luchaban desesperadamente tratando de terminar con ellos para ir en su ayuda.
-¡Son demasiados! –Dijo Sango con desesperación.
-¡Tenemos que hacer algo para ayudar a Inuyasha! –Dijo Aome -¡No podemos rendirnos!
-¡Atrás! –Dijo Miroku -¡Voy a usar el Kaazana!
-¡No, Excelencia! –Dijo Sango -¡No puede hacer eso!
Sango se puso frente a él con los ojos llenos de lágrimas intentando convencerlo de que no usara la terrible maldición de su mano.
-Déjame hacerlo, Sango –dijo con dulzura mientras tomaba su mano.
-Sango tiene razón, no puedes usar el Kaazana –dijo Aome.
-¡No podemos perder más tiempo, Señorita Aome, Inuyasha nos necesita! Yo estaré bien.
-¿Esta seguro, Excelencia? –Preguntó Sango.
-¡Sí, estoy seguro! –Dijo -¡Atrás! Todos pónganse detrás de mí.
Quito el rosario de su mano y descubrió el terrible Kaazana, comenzó a absorber a los monstruos y los insectos venenosos, provocándose un terrible dolor en su mano y en su cuerpo.
-¡No te dejaré solo, Inuyasha! –Pensó con la frente perlada de sudor y un gesto visible de dolor en su rostro –Tú harías lo mismo por mí.
-¡Excelencia! –Dijo Sango preocupada al ver la expresión de su rostro.
-¡Gracias, Miroku! –Dijo Aome.
Termino de absorber al último monstruo y un suspiro de alivio escapó de sus labios.
-¡Gracias al cielo que termino ¡ -Dijo con una sonrisa antes de caer al suelo inconsciente.
-¡Excelencia! –Gritó Sango corriendo a su lado.
-¡Miroku! –Dijo Aome acercándose a él -¿Cómo esta, Sango?
Shippo llegó a su lado y miró su mano y su brazo.
-¡Tiene mucho veneno en su cuerpo! –Dijo mirando horrorizado cómo el veneno había lastimado el cuerpo del monje –Necesita descansar para poder purificar todo ese veneno.
-Se…Señorita…Aome –dijo con un débil hilo de voz –no… no se pero… no se preocupe por… mí. Tiene que ir… con Inuyasha… debe estar en… problemas. Sango… Sango… ve con ella.
-¡Excelencia! –Dijo Sango con sus ojos llenos de lágrimas.
-Estaré… bien –dijo haciendo un esfuerzo por sonreír.
-¡De ninguna manera! –Dijo Aome –Sango quédate con él, yo iré con Inuyasha.
-¿Y yo qué? –Dijo Shippo.
-¿Puedes venir conmigo? –Preguntó Aome.
-¡Claro que sí! –Dijo Shippo dando un salto hacia Aome.
-¡Espera, Aome! Llevate a Kirara –dijo Sango.
-¿Estás segura?
-¡Sí! Yo estaré bien. Estaremos bien –dijo Sango.
-Bueno –dijo Aome saltando ella y Shippo sobre el lomo de Kirara -¡Vamos Kirara, hacia la cueva!
En el interior de la cueva Inuyasha corría tratando de no ser alcanzado por los demonios, adentrándose cada vez a lo profundo de esta.
-¡Malditos sean! ¡No puedo dejarlos atrás! –Pensó mientras intentaba encontrar una salida de ese laberinto – Necesito perderlos y ver cómo están los otros.
Vio que la cueva comenzaba a agrandarse dejando ver varios túneles enfrente de él.
-¡Que bien! –Dijo mirándolos –Alguno de estos debe ser la salida.
Siguió corriendo con más energía ahora al ver la posibilidad de librarse de sus perseguidores pero cuál no sería su sorpresa al encontrarse que el camino había terminado y solo el vacío estaba delante de él.
-¡Maldición! ¡No puede ser! –Dijo mientras caía intentando desesperadamente asirse de algo que contuviera su caída.
Vio unas raíces asomándose entre las grietas e intentó asirse de ellas pero estas no lograron contener su peso y se rompieron acompañándolo en su caída. Pudo darse cuenta antes de llegar al fondo que había agua corriendo debajo.
-Eso amortizará mi caída –pensó mientras daba vueltas en el aire para caer mejor en el agua.
-¡Está fría! –Pensó mientras se zambullía en el agua e intentaba nadar para no ser llevado por la fuerte corriente. -¡No puedo dejarme llevar, en mi estado actual puedo ahogarme, no tengo la fuerza suficiente para luchar contra la corriente!
Sintió que las fuerzas lo abandonaban, pensó que lo mejor sería dejarse llevar y con la poca fuerza que le quedaba intentar mantenerse a flote hasta llegar a la orilla y así salir de la corriente que ahora lo arrastraba.
Le parecieron horas lo que estuvo luchando en el agua, pero solo fueron unos minutos. La fuerte corriente lo arrastró hasta que lo sacó del interior de la cueva y poco a poco fue decreciendo su fuerza para convertirse en un tranquilo lago con lo cuál pudo acercarse a la orilla.
-Tengo… tengo que salir del agua… me estoy congelando –dijo con voz temblorosa –tengo que… tengo que salir del agua…
Nado hasta la orilla haciendo un gran esfuerzo, le dolía todo el cuerpo, su vista comenzaba a nublarse y por un breve momento pensó que no lo lograría y que moriría sin ver el rostro de la dulce Aome por última vez en su vida. Un escalofrío recorrió su cuerpo, no porque el agua estuviera fría sino que en su mente imaginó a Aome no regalándole una sonrisa sino poniendo esa cara seria que ponía cuándo se enojaba con él y gritándole:
-¿¡Pero que estupideces estás pensando!? ¡Sal del agua, tonto!
Jadeando llegó a la orilla y salió del agua.
-¡Por fin! –Exclamó tambaleándose mientras sus labios dibujaban una débil sonrisa –Lo logré, Aome, lo logré.
Todo a su alrededor comenzó a ponerse oscuro, sintió que el aire le faltaba y poco a poco sus rodillas comenzaron a doblarse.
-¿Qué me pasa? Estoy débil –dijo sin comprender lo que le pasaba hasta que se dio cuenta que su cuerpo humano estaba agotado a causa del esfuerzo que había tenido que hacer al escapar de los monstruos y luchar por salir del agua -¡Maldición! No puedo… no puedo…
No pudo terminar la frase sus ojos comenzaron a cerrarse y su cuerpo cayó lentamente hacia delante quedando tendido en el suelo y a merced de los enemigos que pudieran encontrarlo.
No lejos de allí Sesshomaru se encontraba descansando con su grupo, recostado en un gran árbol miraba cómo Rin y Jaken se aprontaban para descansar después de haber devorado todos los peces que habían pescado. El viento de la noche trajo hasta él el olor de los monstruos. Se puso de pie y comenzó a alejarse del campamento.
-¡Señor Sesshomaru! –Le dijo Rin -¿A dónde va?
-¿Pasa algo malo, amo? –Preguntó Jaken preocupado.
-Rin, -dijo Sesshomaru.
-¿Sí? –Dijo esta.
-Quédate aquí y no te alejes –dijo Sesshomaru – ¡Jaken!
-¿Sí, amo bonito? –Dijo Jaken temiendo que le ordenara que fuera con él.
-Quédate aquí y protege a Rin. –Le dijo con rostro serio a Jaken –Si algo le pasa voy a matarte.
Jaken tragó saliva y abrazó temblando a su báculo de dos cabezas.
-¡No se preocupe, amo bonito, su fiel Jaken protegerá a la pequeña Rin con su vida! –Dijo haciendo una reverencia, mientras Rin lo miraba con los ojos grandes.
-¡Que valiente, señor Jaken! –Dijo la pequeña emocionada.
-¡Cállate, Rin, no seas tonta! –Dijo molesto –Hago esto solo porque el amo tiene cosas mejores que hacer que estarse preocupando por ti. Es seguro que debe de pasar algo para que el amo haya decidido salir y me dejara a mí para cuidarte. ¡No eres más que una molestia!
-¡Tonto señor Jaken! –Le dijo Rin –Ud. También es una molestia para el amo. ¿Cuántas veces el señor Sesshomaru tuvo que salvarlo de los monstruos?
-¿Pero que estas diciendo, Rin? –Dijo incomodo al darse cuenta que la pequeña tenia razón -¡Déjate de tonterías y vayamos al calor del fuego! El frío de la noche hace que digas incoherencias.
Refunfuñando se dirigió hacia la hoguera seguido de una divertida Rin que gustaba mucho de ver al señor Jaken tan molesto por tener que quedarse con ella, pero sabía que a pesar de todos sus rezongos para el era un orgullo que el amo le confiara el cuidado de ella ya que para él la pequeña tenía un gran valor porque era la única que había podido atravesar esa fría armadura de indiferencia y había llegado hasta donde tenía oculto su corazón, cálido y generoso y que él se empeñaba tanto en ocultar pero que Rin había encontrado aquella tarde que se conocieron en el bosque.
Sesshomaru camino intrigado hacia el lago tenía una extraña sensación en su pecho, Tenseiga se movía inquieta en su cintura, haciendo que este se preocupara al no poder descifrar lo que ocurría.
-¿Qué ocurre, Tenseiga, por qué estas tan inquieta? –Preguntó –Puedo oler a muchos demonios en los alrededores y sangre humana también, pero hay algo raro en esta sangre no se lo que será pero debo saber que es lo que te tiene tan intranquila.
Apuro el paso y vio a lo lejos el lago y un cuerpo que yacía en la orilla.

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